El diario de una extraña

Día 452

Esa impotencia y esa presión en el pecho que te dice: “¡Sácame de aquí!”. En todos los aspectos.

Es la situación más incómoda: no tener trabajo, por ende, no tener dinero, y finalmente, no tener un lugar propio para dormir y recibir a tus amigos. ¿Amigos? ¿Cuáles?

Fracaso. Así se siente. Aunque digan que no, así es como se siente. Quisiera que Dios mismo bajara y me dijera: “Esta piedra que puse en tu camino es por esta razón”. Porque cuando tu familia te apuñala por la espalda, esconde el cuchillo y luego se va, solo te queda hablar con Dios. Y no sé si lo escucho. Quizás es culpa mía como siempre lo creí. Probablente Él desde el cielo me ve y pensará que fue mi culpa, o no, a lo mejor dice que no debo culparme, y allí es cuando me tapo los oídos, porque no me creo esas palabras, y si las dejo de escuchar no entran en mí.

No sé si lo que quiero es sufrir, pero se ha convertido en mi escudo después de que todos me juzgaran viéndome indefensa.

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