El diario de una extraña

Día 453

¿No es curiosa la mentira? Todos la usamos pero nos cuesta aceptarla. Ni los que aparentan ser buenos se salvan de ella. Como hoy. Me la echaron encima de una manera tan desagradable. La mentira voló de su boca, pasó por los presentes -que no sabían ni la mitad de lo que ella estaba diciendo-, y terminó en mí, me bañó toda de vergüenza. ¡Hay que ver!

Lo peor no es eso, sino que se lavó su cara después de haber dejado las manchas de sangre en el ring. Solo que en ese caso yo no di ningún golpe.

Pero tú no quisiste interferir, nada más para que ella no se ofendiera, y para que yo desistiera de la jugada. Y fue cuando lloré. Lo lamento pero no pude evitarlo, así es como se siente después de que te ponen en ridículo frente a personas que poco te conocen y que después de una mentira pueden sacar sus falsas conclusiones.

Te preocupaste, me besaste. Bendito beso. Quisiste saber el motivo de mis lágrimas, y no se me ocurrió más nada que mentir.

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