Callada

Sueño 2

Todas las muchachas del lugar eran atractivas, yo, sin embargo, no tanto. Daba igual, pues él no quería nada con ninguna. Se mantenía alejado con sus amigos, riéndose, divirtiéndose, a veces.

Por momentos llegué a pensar que era arrogante y un amante de la atención. No fue así. Le observé toda la noche, me fijé en los detalles de su rostro cuando hablaba o sonreía. También creí verlo ofuscado por instantes. No le incomodaba su compañía, sino la reacción de las mujeres al verlo. ¿Gay? No. Quizás era el fastidio de que todos pensaran que iba a terminar con alguna en la cama, el compromiso ajeno de irse de la fiesta con el número de una chica en su teléfono. ¿Quería pasarla bien y ellos tenían otros planes para él? Mi mente voló.

Fue entonces cuando comencé a sentir un cosquilleo en las manos, no en la barriga. Sabía que no era amor, pero estaba cerca de él. Y sí, solo fue una noche. Ah, y sí, me acompañaban mis amigos también, aunque ellos estaban tan sumergidos en su conversación y en el gran ambiente de la fiesta que ignoraron el hecho de que yo disfrutaba de otra manera.

Creo que sintió el peso de mi ojos sobre él, porque se dio vuelta y me miró con extrañeza.

No me importó su indiferencia. Contemplarlo me bastó, callada, aunque no supiéramos nuestros nombres.

Las horas pasaron, él se acomodó su chaqueta de cuero y salió del club con su vista por encima del hombro hacia mí. Me encantó verlo, aunque solo haya sido una sola vez.

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